Por Luis Menchaca
Hay fiestas… y está Day Zero. No es un rave, es un festival disruptivo, una peregrinación electrónica a la jungla. Cada año, cuando el calendario apenas despierta, miles de viajeros llegan a Tulum para vivir una noche larga, tribal y luminosa, curada por Damian Lazarus, el cerebro detrás del sello Crosstown Rebels.
Day Zero nació en 2012 como homenaje al cierre de un ciclo del calendario maya. Desde entonces, se transformó en un ritual contemporáneo: beats profundos, naturaleza densa, fuego, intervenciones artísticas y una atmósfera que parece sacada de una película postapocalíptica, pero con mejor sonido.

¿Qué se vive en Day Zero?
Olvídate del festival de pulsera y food trucks. Aquí todo sucede entre árboles, manglares y caminos de tierra. El diseño escénico se integra a la selva: estructuras orgánicas, mapping sobre copas de árboles, esculturas, performers y momentos sorpresa que aparecen en la madrugada como visiones psicodélicas. La música va del house hipnótico al techno chamánico, pensada para escucharse con el cuerpo completo.

El público es nómada y global: club kids de Berlín, burners de Nevada, místicos de yoga en Tulum, productores, curiosos y viajeros que coleccionan experiencias extremas. No es casual: Day Zero funciona como punto de encuentro de una escena que mezcla hedonismo, espiritualidad ligera y cultura electrónica de alto nivel.
Lineups que cuentan una historia
La curaduría es parte del mito. Lazarus invita a DJs y productores que encajan con la narrativa del festival: sets largos, progresivos, diseñados para acompañar la noche completa hasta los primeros rayos del sol. Lo importante no es solo quién toca, sino cómo se cuenta la noche a través de la música.

Más que fiesta: naturaleza y conciencia
Day Zero también articula un discurso ecológico. Programas de reducción de residuos, materiales reutilizables y campañas de limpieza buscan que el impacto sea el mínimo posible dentro de un entorno frágil como la selva caribeña. La idea: bailar fuerte, pero sin olvidar dónde estás parado.
El momento clave
Hay un instante que define Day Zero: el amanecer. Después de horas de música, sudor y luces, el cielo se abre en rosa y turquesa sobre la selva. Los beats bajan un poco, la gente guarda silencio y todo se siente suspendido. Ahí entiendes por qué la gente vuelve.

Para quién es
Para quienes ya lo vieron todo y buscan algo distinto.
Para quienes coleccionan experiencias más que objetos.
Para quienes aceptan que un festival también puede ser ritual.
El ritual creció.
Hoy Day Zero viaja —Brasil, Bali, nuevas coordenadas donde la jungla reclama su lugar como pista de baile. Pero el corazón sigue en México.
The Experiencer recomienda: viaja ligero, hidrátate, respeta la selva, escucha con atención. Day Zero no se “asiste”: se atraviesa.


