Desde 1939, la tradición cantinera de Nuevo León alimenta el ritual de la botana. En San Miguel de Allende, Moritas recupera ese espíritu con cocina regia, tequila, cerveza y una mesa que pide otra ronda.
El norte tiene sus propios códigos para sentarse a la mesa: botana al centro, cerveza bien fría, tequila sin demasiadas ceremonias y esa capacidad casi profesional de convertir una comida en un plan de varias horas. Botanero Moritas conoce el ritual desde hace décadas y ahora lo juega en San Miguel de Allende.
La historia arranca en 1939, en San Pedro Garza García, Nuevo León, con el legendario Bar Las Moritas. Su nombre viene de un árbol de moras que daba sombra a la terraza del establecimiento original, cuando el lugar todavía mezclaba billares, boxeo y otros entretenimientos de barrio. Con los años, aquel espacio de espíritu rústico se consolidó como una cantina donde las botanas y la convivencia marcaron el ritmo.

En 2025, el concepto aterrizó en San Miguel de Allende con una versión contemporánea de aquella tradición norteña. La dirección es Canal 9, en el Centro, donde la cocina regia entra en una ciudad acostumbrada a cruzar acentos, ingredientes y culturas alrededor de la mesa.
La botana manda. El guacamole abre la conversación, mientras los frijoles con veneno ponen sobre la mesa uno de esos clásicos norteños que no necesitan demasiada explicación. Las flautas de pollo juegan en territorio conocido; los tacos cantineros, en cambio, se prestan para explorar: uno de fideo y otro de asado de boda, acompañados de salsa de aguacate, crema ácida y queso panela.
La “pinchi tostada” hace babear, lleva pulpo y ceviche, acompañada con con col, aguacate y chile piquín. Y cuando parece que la ronda salada ya cumplió su misión, aparecen las orejas tatemadas con salsa de Glorias, un guiño goloso a los dulces de leche tradicionales de Nuevo León.

Desde luego que hay cortes, mollejas, cortadillo, asado de puerco, chicharrón en salsa, pulpo adobado y más.
Para beber, el repertorio recorre tequilas, cervezas, destilados y coctelería. Hay margen para elegir entre una cerveza que acompañe la botana, un tequila para alargar la sobremesa o un cóctel que abra la noche. La fórmula es sencilla y efectiva: pedir varios platos, probar de todo y dejar espacio para algo más.
Moritas trae a San Miguel una manera muy norteña de entender la hospitalidad: abundancia al centro, sabores con memoria y una mesa donde siempre cabe alguien más. Su historia comenzó bajo un árbol de moras en Nuevo León; hoy continúa en Guanajuato, entre botanas, brindis y el gusto de quedarse un rato más.
BOTANERO MORITAS
Canal 9, Zona Centro, San Miguel de Allende.
IG: @botaneromoritas.sma


