Redacción: The Experiencer crew
El futuro de la hospitalidad no se está imaginando en silencio: se está presentando en vivo, con jurado, cocteles y proyectos capaces de redefinir la relación entre placer y responsabilidad. El próximo 2 de marzo, la final local del Torres Brandy Zero Challenge regresará a la Ciudad de México para reunir a algunas de las mentes más inquietas del país en el escenario elevado de Faunna Rooftop, una de las terrazas donde la ciudad parece latir más cerca.
La competencia —que impulsa proyectos reales con impacto socioambiental dentro del universo de bares, restaurantes y hospitalidad— reunirá a cinco finalistas mexicanos cuyas propuestas buscan transformar la industria desde adentro: desde la gestión circular de insumos hasta modelos de operación con impacto social medible. Participan Jorge León (Alfonsina), Elisa Villarreal (Agave Loop), Estéban Cabrera (Enzo) y Daniel Delgado (Verde & Lab), entre otras iniciativas enfocadas en repensar el servicio desde la sostenibilidad tangible.

El precedente es poderoso. En la edición pasada, el triunfo fue para el chef Gerardo Vázquez Lugo con su proyecto del restaurante Nicos, un histórico espacio gastronómico que implementó un sistema integral de desperdicio cero, convirtiéndose en referente nacional de operación responsable.
Este año, el panel que evaluará las propuestas reúne miradas que cruzan gastronomía, crítica, sostenibilidad y acción social: el propio Vázquez Lugo; el influyente crítico culinario Marco Beteta; la consultora climática Erica Valencia, fundadora de Ectagono y Ectarea; y Mariana Jiménez, directora de la Red de Bancos de Alimentos de México, organización clave en la redistribución responsable de excedentes alimentarios.

El ganador no solo obtendrá reconocimiento nacional: viajará a Barcelona para competir en la final global el 18 de abril, donde los finalistas de distintos países presentarán sus proyectos ante la comunidad internacional. En juego: una experiencia inmersiva en la capital catalana y un premio de 30,000 euros para impulsar la implementación real de la propuesta ganadora.
Más que una competencia, el Zero Challenge es un termómetro del cambio: un espacio donde la creatividad líquida se encuentra con la responsabilidad ambiental y donde la hospitalidad deja de ser solo experiencia para convertirse en sistema. Aquí, el lujo no es el exceso: es la conciencia bien ejecutada.


